ESTUDIO SOBRE LA IMPORTANCIA DE FORMAR EN HABILIDADES BLANDAS

LA IMPORTANCIA DE FORMAR EN HABILIDADES BLANDAS A ESTUDIO #0

El saber no ocupa lugar. La incompetencia, en cambio, ocupa despachos, reuniones, cadenas de cuarenta y siete correos y una parte nada despreciable de los domingos por la tarde rodeado de cuñados. Por eso merece la pena rescatar el refrán del cajón de las frases que repetimos sin pensar: aprender una habilidad no añade otro objeto a tu vida, sino que modifica la clase de problemas que eres capaz de resolver y, sobre todo, la cantidad de problemas que dejas de fabricar.

Algunas de las habilidades blandas —autorregulación, comunicación, inteligencia emocional, resiliencia o perseverancia— tienen una característica que las diferencia de casi cualquier otra inversión. No permanecen guardadas en una cuenta, un trastero o una caja fuerte: viajan contigo. Están presentes cuando negocias un salario, rechazas un encargo imposible, diriges una reunión, recibes una crítica o intentas explicar a tu pareja que no estabas ignorando su mensaje, sino «concentrado».

La última situación suele exigir un dominio especialmente avanzado.

LA IMPORTANCIA DE FORMAR EN HABILIDADES BLANDAS A ESTUDIO #2EL ACTIVO QUE NO PUEDES VENDER

Un inmueble puede alquilarse, venderse o transmitirse en herencia. También puede perder valor, generar impuestos y decidir que la caldera deje de funcionar la noche más fría de enero. Una habilidad no puede venderse por separado de su propietario, lo que parece una desventaja hasta que comprendes que tampoco puede serle arrebatada con demasiada facilidad. Te recomiendo por alusiones los capítulos de la Ciudadela Interior del podcast de Marcos Vázquez.

Ahora bien, no me leerás a recomendarte que vendas tu casa para matricularte en un curso de escucha activa. Una cosa es defender la formación y otra fundar una secta más con domiciliación bancaria. Sin embargo, como inversión en tu capacidad para producir valor, las habilidades blandas poseen una ventaja extraordinaria: puede utilizarse de manera ilimitada sin consumir apenas y, cuando se emplean bien, tienden a perfeccionarse y a consumir aún menos.

Aprender a negociar puede ayudarte a conseguir mejores condiciones en decenas de acuerdos (aunque no seas consciente, te pasas el día negociando). Aprender a comunicar puede mejorar cientos de conversaciones. Aprender a priorizar puede devolverte varias horas cada semana durante años. No puedes vender esas capacidades una vez, pero puedes cobrar indirectamente por ellas durante toda tu carrera.

Una vivienda produce una renta cuando alguien la ocupa. Una habilidad produce una renta cada vez que evita un error, mejora una decisión o consigue que otras personas confíen en ti para encargarte algo más importante. No figura como patrimonio en tu declaración de la renta, pero termina apareciendo en lugares bastante más interesantes: tu salario, tu reputación, tu autonomía y la clase de oportunidades a las que puedes acceder. Tampoco paga IRPF.

LA RENTABILIDAD FANTASMA

Existe otra forma de rentabilidad que las empresas y las personas calculamos bastante mal: el valor de los problemas que nunca llegaron a ocurrir. Lo que en prevención de riesgos laborales se llaman «Accidentes Blancos» que son aquellos eventos que estuvieron a punto de ser sumamente graves y que no lo fueron por poco. En prevención de riesgos laborales se debe tomar buena nota de ello y se actúa para prevenir que las circunstancias arriesgadas alrededor de dicho accidente blanco sean subsanadas.

En el día a día de las empresas registramos solo los accidentes propiamente dichos, los que cuestan dinero y derrochan disgustos. Puntualmente se coloca en el SAP al cliente perdido, pero no la conversación que evitó perderlo. Contamos la baja voluntaria, pero no al profesional que decidió quedarse porque su responsable supo escucharle antes de que actualizara LinkedIn con esa discreción de espía soviético que precede a muchas dimisiones. Medimos las horas dedicadas a resolver una incidencia, pero no las semanas de conflicto que alguien evitó haciendo una pregunta a tiempo.

Las habilidades humanas producen una parte considerable de su retorno en negativo. No solo sirven para resolver problemas; impiden que algunos nazcan, crezcan y terminen sentados en una reunión con Recursos Humanos. La contabilidad registra los cadáveres, pero rara vez las balas esquivadas.

Por eso también ayudan a dormir mejor. No porque conviertan la vida en una sucesión de amaneceres inspiradores, sino porque reducen la cantidad de asuntos mal cerrados que te acompañan hasta la cama. El correo que no enviaste enfadado, el compromiso imposible que no aceptaste y la conversación que no aplazaste durante tres meses no dejan anotaciones en la Base de Datos corporativa y en tu cabeza, al mismo tiempo, liberan varias habitaciones.

NO TODAS LAS HABILIDADES BLANDAS SON IGUALES

Llegados a este punto aparece un problema bastante habitual en el mundo de la formación: meter todas las habilidades humanas en el mismo saco y agitarlo hasta que salgan palabras como liderazgo, empatía, creatividad, resiliencia y pensamiento positivo. Después se añaden unas fotografías de personas señalando pósits y el programa queda oficialmente acreditado por la Universidad Internacional de PowerPoint.

La evidencia no respalda todas las habilidades con la misma fuerza. Cuando se priorizan los estudios longitudinales y las intervenciones en las que una capacidad fue entrenada y evaluada posteriormente, la autorregulación ocupa el primer lugar. Le siguen las competencias emocionales y las habilidades sociales o comunicativas. La resiliencia presenta resultados más modestos e indirectos, mientras que la evidencia causal sobre perseverancia y pasión por metas de largo plazo (en inglés grit) y, especialmente, mentalidad de crecimiento, es bastante más débil.

Esto no significa que las últimas sean inútiles. Significa algo mucho menos cinematográfico: debemos hablar de ellas con una prudencia proporcional a las pruebas disponibles. La ciencia tiene la irritante costumbre de no respetar el orden de popularidad de los conceptos en LinkedIn.

LA IMPORTANCIA DE FORMAR EN HABILIDADES BLANDAS A ESTUDIO

1. AUTORREGULACIÓN: LA HABILIDAD QUE GOBIERNA A LAS DEMÁS

La psicología utiliza los términos autorregulación y autocontrol para referirse a la capacidad de dirigir la propia conducta hacia un objetivo, especialmente cuando aparecen impulsos, distracciones, cansancio o alternativas más agradables. En lenguaje cotidiano hablamos de disciplina, determinación y fuerza de voluntad, aunque la autorregulación es más amplia que limitarse a apretar los dientes como un marine frente a una bandeja de croquetas.

La evidencia longitudinal es especialmente sólida. Un metaanálisis de Robson, Allen y Howard encontró que una mayor autorregulación durante la infancia predecía mejores resultados académicos, mayor competencia social y menos problemas posteriores relacionados con desempleo, consumo de sustancias, depresión o delincuencia. Un seguimiento de cincuenta años publicado por Evans y colaboradores volvió a relacionarla con resultados vitales relevantes, aunque, como en cualquier estudio longitudinal, hablamos de correlación y asociación, no de una sentencia escrita en mármol.

También empieza a existir evidencia de intervención en contextos laborales. Dos ensayos aleatorizados sobre un programa de autorregulación encontraron mejoras en rendimiento de tarea, proactividad y autoeficacia profesional, además de reducciones a corto plazo en el conflicto entre trabajo y vida personal y una mejor desconexión psicológica. No es magia. Es conducta entrenada, que suele resultar menos emocionante y bastante más útil.

La llamada gestión del tiempo es, en buena medida, autorregulación vestida de oficina. No consiste únicamente en ordenar tareas o convertir el calendario en una colorida vidriera en el rosetón de la catedral. Consiste en elegir qué merece atención, qué debe esperar y qué no debería hacerse en absoluto.

Priorizar implica renunciar. También exige gestionar expectativas, porque una jornada de ocho horas no puede contener catorce horas de trabajo por mucho que alguien añada la palabra «reto» al correo. Una persona autorregulada no acepta automáticamente todos los compromisos para demostrar implicación y para después tratar forzosamente de cumplirlos mediante insomnio. Calcula su capacidad, advierte de las consecuencias y negocia los esfuerzos que puede realizar.

Decir que sí a todo no es compromiso. Es fabricar incumplimientos a crédito de usura.

2. COMPETENCIAS EMOCIONALES: NO OBEDECER AL PRIMER IMPULSO

La inteligencia emocional y las competencias emocionales han sufrido años de tortura a manos de libros, conferenciantes y departamentos de Recursos Humanos. Se han utilizado para describir desde la empatía hasta la simpatía, pasando por la costumbre de preguntar «¿cómo te hace sentir eso?» mientras se inclina ligeramente la cabeza.

En psicología, el concepto se refiere de forma más precisa a capacidades relacionadas con percibir, comprender, utilizar y regular las respuestas emocionales tanto propias como ajenas. No consiste en sentir más ni en verbalizar cada estado interno como si fuéramos el narrador en voz en off de nuestra vida. Consiste en reconocer qué está ocurriendo y elegir la respuesta más adecuada y no abandonarnos a nuestro primer impulso disponible.

Un metaanálisis de 2024 reunió cincuenta estudios sobre formación en competencias emocionales dentro del trabajo. Encontró efectos moderados tanto en las comparaciones antes-después como en los estudios con grupo de control, y las mejoras seguían siendo apreciables más de tres meses después. Los propios autores advierten de una considerable heterogeneidad y de limitaciones metodológicas, porque una conclusión científica sin sus límites es publicidad con bibliografía.

Esta capacidad resulta especialmente relevante en el liderazgo. Un responsable que no sabe regularse emocionalmente convierte al equipo en su sistema límbico externo: descarga tensión, contagia urgencia y utiliza cada contratiempo para organizar una representación itinerante del Apocalipsis via Teams. Tener organigrama no transforma un mal impulso en una decisión directiva. Solo le proporciona más espectadores y le unge con autoridad.

La competencia emocional permite escuchar información incómoda sin disparar al mensajero, contener una reacción hasta disponer de datos y comprender qué necesita otra persona para colaborar. También evita una cantidad notable de discusiones absurdas. Muchas relaciones profesionales no se rompen por diferencias irreconciliables, sino porque dos adultos decidieron defender su ego como el abismo de Helm.

3. HABILIDADES SOCIALES Y COMUNICATIVAS: CONSEGUIR QUE EL TRABAJO AVANCE

Los términos psicológicos más habituales son habilidades sociales, habilidades interpersonales y competencia comunicativa. Incluyen escuchar, expresar información con claridad, interpretar señales sociales, cooperar, negociar y adaptar el mensaje al contexto. Comunicar bien no significa hablar mucho. Algunas personas hablan durante cuarenta minutos y consiguen que al terminar haya menos información y más incertidumbre en la sala que cuando comenzaron.

La evidencia de intervención es razonable, aunque menos sólida que la relativa a la autorregulación o a las competencias emocionales. Se han observado mejoras mantenidas después de programas de entrenamiento interpersonal, y diferentes estudios han encontrado avances en comunicación aplicada, funcionamiento social y preparación profesional. Los mejores formatos parecen incluir práctica repetida, reflexión, retroalimentación y acompañamiento, no una conferencia de dos horas sobre escucha activa en la que el ponente habla durante ciento quince minutos.

Estas habilidades poseen además una relación evidente con el valor profesional. David Deming analizó la evolución del mercado laboral estadounidense y encontró que el empleo y los salarios crecieron especialmente en ocupaciones que combinaban capacidades matemáticas con una elevada exigencia de interacción social. El mercado no parecía estar premiando la simpatía en sustitución de la competencia técnica, sino la capacidad de reunir ambas.

Esta distinción es importante. Las habilidades sociales pueden abrir oportunidades, pero no convierten la incompetencia en oficio. Ser agradable ayuda a que alguien te entregue una responsabilidad; saber trabajar determina qué haces después con ella. El profesional completo no elige entre dominar su especialidad o saber tratar con personas. Comprende que casi todo trabajo relevante exige ambas cosas.

Las habilidades interpersonales también intervienen en el ascenso profesional, aunque debemos evitar dar un salto mortal confundiendo relación y causalidad. Un estudio de Todd y colaboradores analizó la relación entre la llamada habilidad política —leer el entorno, construir redes e influir de manera eficaz— y cinco indicadores de carrera, entre ellos compensación total y número de promociones. La habilidad política se asoció con cuatro de los cinco resultados, pero el diseño no demuestra que un curso produzca automáticamente un ascenso.

No existe un cupón de promoción escondido al final de una formación de liderazgo. Existe algo menos cómodo: determinadas habilidades humanas aumentan tu capacidad para asumir trabajos que dependen de otras personas. Y cuanto más elevada es una posición en el organigrama, menos suele ser suficiente con que hagas bien tu parte únicamente.

4. RESILIENCIA: VOLVER SIN CONVERTIR LA HERIDA EN IDENTIDAD

La resiliencia es la capacidad de adaptarse y recuperarse después de una adversidad, tras un fracaso o durante un periodo de presión. No consiste en sonreír mientras te endorsan el vigésimo informe ni en agradecer a una empresa tóxica la extraordinaria oportunidad de empujarte a desarrollar una fortaleza. Probablemente consista más bien en sostenerte cuando más te cuesta hacerlo. El fénix resurge de sus cenizas con nuevas plumas, en la cotidianidad se parece más bien a lamerse las heridas y seguir cazando.

Las intervenciones dirigidas a estudiantes de profesiones sanitarias han mostrado mejoras moderadas en resiliencia y reducciones en el estrés percibido, especialmente cuando los programas duraban más de una sesión. Sin embargo, los efectos directos sobre éxito académico o profesional continúan estando menos demostrados. La resiliencia parece aportar más claramente adaptación y bienestar que ascensos, salarios o resultados de carrera.

Su valor no es menor por ello. Una carrera profesional suficientemente larga incluye errores, rechazos, jefes mediocres, proyectos cancelados y decisiones que parecían brillantes hasta que entraron en contacto con la realidad. La resiliencia permite que un fracaso sea un acontecimiento más y no una herida sin cicatrizar. Ayuda a aprender del golpe sin construir una vivienda permanente dentro del hematoma.

También contribuye a dormir mejor. No evita que ocurra algo desagradable, pero reduce la posibilidad de que el problema se instale en tu dormitorio, se siente al borde de la cama y empiece a reproducir tu vergonzosa intervención en la reunión de hace dos semanas en plano secuencia y con comentarios del director.

LA IMPORTANCIA DE FORMAR EN HABILIDADES BLANDAS A ESTUDIO #35. GRIT: LA CONSTANCIA NO CONVIERTE UNA MALA META EN BUENA

La psicología utiliza el término grit para describir la perseverancia y la pasión sostenidas hacia objetivos de largo plazo. El concepto resulta atractivo porque tiene épica, sudor y una traducción aproximada que permite colocar montañas en las diapositivas. Su evidencia, sin embargo, es bastante menos contundente que su reputación.

Algunos estudios han relacionado el grit con el éxito académico y el desempeño clínico, pero gran parte de la investigación es asociacional y los resultados de las intervenciones siguen siendo preliminares. Los programas parecen beneficiar más a personas que parten de niveles bajos que a grupos completos, lo que aconseja abandonar la costumbre corporativa de administrar la misma medicina a todo el mundo porque ya estaba diseñado el folleto.

La perseverancia es útil cuando la dirección merece la pena. Persistir sin revisar la meta, la estrategia o la información disponible no es carácter: es cabezonería con material de oficina. Sísifo poseía un grit extraordinario, pero no parece la persona adecuada para rediseñar un proceso.

Formar en perseverancia sin enseñar discernimiento puede producir profesionales muy constantes haciendo exactamente lo que ya no funciona. La habilidad más adaptativa no consiste en no abandonar nunca. Consiste en distinguir entre el cansancio que debe atravesarse y la pared contra la que conviene dejar de embestir.

6. MENTALIDAD DE CRECIMIENTO: CREER NO ES APRENDER

La mentalidad de crecimiento describe la creencia de que determinadas capacidades pueden desarrollarse mediante aprendizaje, práctica y esfuerzo. La idea es razonable. Su conversión en dogma motivacional, bastante menos.

Un metaanálisis de sesenta y tres estudios encontró un efecto muy pequeño de las intervenciones de mentalidad de crecimiento sobre el rendimiento académico. El efecto dejaba de ser significativo al corregir el sesgo de publicación y era prácticamente nulo en los estudios de mayor calidad. Esto no demuestra que creer en la posibilidad de mejorar sea perjudicial; demuestra que repetir esa creencia no produce por sí sola la mejora.

Pensar que puedes aprender quizá facilite el primer paso. Después hacen falta práctica, retroalimentación, tiempo, recursos y una tolerancia considerable a descubrir que todavía no eres tan bueno como pensabas. La mentalidad puede abrir la puerta, pero no recorre el pasillo por ti.

EL LIDERAZGO NO ES UNA HABILIDAD: ES EL CAMPO DE BATALLA

Solemos hablar del liderazgo como si fuera una capacidad aislada que pudiera añadirse a una persona del mismo modo que Neo aprende Kung Fu en Matrix. En realidad, liderar exige combinar todas las habilidades blandas anteriores y otras mientras tienes la sensación de que falta algo.

La autorregulación permite no contaminar al equipo con cada impulso. Las competencias emocionales ayudan a leer la situación y modular la respuesta. La comunicación convierte una decisión en instrucciones comprensibles minimizando la resistencia. La resiliencia permite sostenerse después de un error. La perseverancia mantiene el esfuerzo cuando el resultado tarda, y la mentalidad de crecimiento resulta útil siempre que no se reduzca a repetir que todos podemos mejorar mientras se ignora el feedback negativo.

Por eso las empresas deberían prestar especial atención a estas capacidades antes y después de promocionar a una persona. Muchas organizaciones ascienden al mejor técnico y descubren unos meses después que han entregado un equipo a alguien que interpreta liderar como reenviar correos añadiendo «por favor, gestionar». La competencia técnica justificó el ascenso; la incompetencia interpersonal termina determinando su coste.

La investigación sobre soltura en el aprendizaje (agilidad) en ejecutivos aporta un ejemplo interesante. Dos estudios encontraron una relación positiva entre esta capacidad, las evaluaciones de competencia de liderazgo y distintos indicadores objetivos de carrera. En el seguimiento longitudinal, las personas con mayor agilidad de aprendizaje fueron promocionadas con más frecuencia y recibieron mayores incrementos salariales durante un periodo de diez años. Sigue siendo una relación, no la prueba de que entrenar una habilidad concreta garantice el resultado, pero la dirección del dato resulta difícil de ignorar.

También se han encontrado relaciones entre inteligencia emocional y éxito profesional, incluso después de considerar determinados rasgos de personalidad. De nuevo, conviene mantener el bisturí separado del confeti: estos estudios respaldan que las capacidades emocionales e interpersonales importan, pero no permiten prometer que una formación concreta vaya a producir automáticamente más salario.

La conclusión científica es más modesta que la publicitaria y, precisamente por eso, más útil. Algunas habilidades humanas pueden entrenarse. Varias predicen o se relacionan con mejores resultados vitales y profesionales. El mercado laboral recompensa especialmente la combinación de competencia técnica y capacidad social. Y determinados recursos vinculados al liderazgo aparecen asociados con promociones, compensación y progresión profesional.

La formación no entrega el ascenso. Mejora parte del instrumental con el que se compite por él.

EL SABER NO OCUPA LUGAR. LA FALTA DE HABILIDAD SÍ

Una habilidad bien entrenada te acompaña cuando cambias de empresa, de sector, de cargo o de país. Puedes transferirla de una negociación a una conversación familiar, de una reunión a una situación de crisis y de un conflicto con un cliente a una decisión personal. No siempre se aplica de la misma manera, pero permanece disponible cuando la necesitas.

Esa disponibilidad es una de sus mayores ventajas. No debes buscarla en una carpeta ni solicitar acceso al administrador. Cuando la situación exige mantener la calma, poner un límite, escuchar una objeción o renunciar a una tarea, la herramienta está al alcance de tu mano. O está o no está. En ese momento, un diploma sirve para bastante poco.

Formar en habilidades blandas no es decorar un currículo ni rellenar la tarde final de una convención. Es aumentar la capacidad de aportar valor, reducir errores, gestionar expectativas, asumir responsabilidades y evitar una cantidad importante de sufrimiento perfectamente prescindible. Para una empresa, es desarrollo del talento y prevención de riesgos humanos. Para una persona, es construir un patrimonio que no necesita escritura pública.

No puedes venderlo una vez.

Puedes utilizarlo toda la vida.

Comparte el artículo:

POST RELACIONADOS

A. Teobaldo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web, ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y mostrar anuncios basados en las visitas o en el uso que se realiza en nuestra web. Más información sobre nuestra política de privacidad.