La Fundación Estatal para la Formación en el Empleo conoce el día, el horario, el lugar, la modalidad, el número de participantes y el contenido de cada curso antes de que comience. Puede saber quién debía conectarse a las nueve, quién apareció a las nueve y siete y durante cuántos minutos permaneció delante de una pantalla. Lo que resulta bastante más difícil averiguar mediante sus estadísticas públicas es cuántas personas se han formado realmente en escucha, liderazgo, responsabilidad, negociación, adaptación al cambio o resolución de problemas.
Su sistema controla con precisión burocrática el recipiente. La sustancia interior que es la formación parece ser algo coyuntural que le resulta aparentemente, digamos, indiferente.
El propio panel de Datos a día de hoy de FUNDAE explica que las empresas comunican por adelantado los principales datos de cada acción formativa. Sin embargo, la información pública nacional continúa agrupando los contenidos en grandes áreas profesionales que sirven para administrar el sistema, pero no para entender con precisión qué capacidades está desarrollando el tejido empresarial español.
LA PRIMERA PRECISIÓN: EL CATÁLOGO NO ES EXACTAMENTE DE FUNDAE
Antes de abrir el cadáver conviene comprobar su nombre.
Lo que habitualmente llamamos «catálogo de FUNDAE» es en realidad el Catálogo de Especialidades Formativas del Sistema Nacional de Empleo, gestionado dentro del ámbito del SEPE. FUNDAE presta apoyo técnico, gestiona buena parte del sistema telemático y ocupa el centro visible de la formación bonificada, por lo que en el mercado terminamos adjudicándole todo el edificio, incluidas algunas tuberías que no instaló ella.
Hay otra precisión todavía más importante: una formación programada por una empresa para sus trabajadores no tiene que corresponder obligatoriamente con una especialidad incluida en el catálogo. La empresa puede diseñar contenidos adaptados a sus necesidades siempre que guarden relación con su actividad y con los puestos de trabajo. Por tanto, el catálogo no es una lista cerrada de cursos bonificables ni una carta de restaurante de la que sea obligatorio elegir primer plato, segundo y postre burocrático.
Esto no convierte al catálogo en irrelevante. Sigue siendo el gran mapa institucional de la oferta formativa: organiza especialidades, familias profesionales, áreas, niveles, programas, requisitos de acceso, perfiles docentes y especificaciones técnicas. Especialmente porque condiciona la forma en que la Administración observa, clasifica y publica la formación. También condiciona cosas tan cotidianas en la formación bonificada como los infumables Cuestionarios para la Evaluación de la Calidad que conviene grandemente rellenar después de cada Acción Formativa Bonificada.
El problema es que un mapa puede tener muchas carreteras y seguir sin explicar dónde vive la gente.
CUANDO FUNDAE DICE «TRANSVERSAL», NO SIEMPRE QUIERE DECIR «HABILIDAD BLANDA»
Para ordenar este terreno voy a utilizar la clasificación adoptada por el estudio de FUNDAE y la UOC a partir del marco europeo ESCO. No es la única posible ni una ley psicológica escrita sobre piedra, pero ofrece un criterio razonablemente consistente para distinguir tres grandes grupos de habilidades blandas: las capacidades de autogestión, las sociales y comunicativas y las de razonamiento.
Las primeras permiten dirigir la propia conducta: trabajar con eficiencia, cumplir compromisos, administrar el tiempo, actuar con iniciativa, asumir responsabilidades, manejar la presión y adaptarse al cambio. Las segundas permiten coordinarse e influir sobre otras personas: comunicar, negociar, colaborar, resolver conflictos, apoyar, liderar y generar confianza. Las terceras permiten enfrentarse a situaciones que no vienen acompañadas de un manual: analizar información, pensar críticamente, planificar, organizar, identificar problemas y producir soluciones creativas.
No son compartimentos estancos. Una negociación exige razonamiento, lectura humana y autocontrol. Liderar requiere comunicación, criterio y capacidad para no comportarse como Joffrey Baratheon cuando alguien discrepa. Las habilidades humanas aparecen mezcladas porque las personas, con una manifiesta falta de respeto hacia los formularios administrativos, también venimos mezcladas.
No son tres cajones estancos. Una negociación exige autorregulación, lectura humana y razonamiento. Liderar requiere comunicación, criterio y capacidad para no comportarse como Darth Vader cuando alguien discrepa. Las habilidades humanas aparecen mezcladas porque las personas, con una manifiesta falta de consideración hacia los formularios administrativos, también venimos mezcladas.
FUNDAE utiliza una categoría mucho más amplia: las competencias transversales. Dentro de ella incluye contenidos digitales, ofimática, idiomas, prevención de riesgos laborales, medioambiente, igualdad, orientación, emprendimiento, competencias personales y sociales y competencias organizativas o metodológicas. Algunas son habilidades blandas. Otras son conocimientos técnicos aplicables en distintos sectores. Y otras han terminado allí porque todo sistema administrativo necesita un trastero.
El propio estudio sobre competencias blandas impulsado por FUNDAE y elaborado por la UOC reconoce que ciertas categorías consideradas transversales no corresponden realmente con habilidades blandas y que la clasificación actual dificulta a las personas trabajadoras identificar qué formación puede mejorar su trayectoria profesional.
MUCHA FORMACIÓN TRANSVERSAL NO SIGNIFICA MUCHA FORMACIÓN EN HABILIDADES BLANDAS
La evaluación de la formación programada correspondiente a 2022 dividió las acciones en cuatro grandes grupos. Las llamadas competencias transversales concentraron el 54,8 % de los participantes y el 45,6 % de las horas. Las competencias técnicas del sector reunieron al 36,1 % de los participantes; las digitales, al 5,3 %; y las lingüísticas, al 3,8 %.
Sería tentador concluir que más de la mitad de la formación bonificada española se dedica a habilidades blandas.
También sería falso.
En aquel informe, las competencias transversales incluían administración y auditoría, finanzas, informática complementaria, seguridad y prevención, gestión ambiental, orientación laboral y otras áreas que pueden ser necesarias y transferibles, pero que no son automáticamente comunicación, liderazgo, trabajo en equipo o regulación de la conducta. El porcentaje nos dice que existe mucha formación no estrictamente sectorial. No nos permite saber cuánto entrenamiento humano real contiene. Además, habida cuenta de que la formación en prevención y seguridad es obligatoria, es la subcategoría que más recursos coma de los dedicados a la formación en competencias transversales.
La fotografía más reciente mantiene el problema. En 2025 participaron en formación programada por las empresas 6.124.445 personas, pertenecientes a 348.443 empresas, apenas el 20,5 % de las potencialmente beneficiarias. FUNDAE contabiliza 3.542.960 trabajadores diferentes y una duración media de 13,1 horas por participante.
Cuando se observan los contenidos, las áreas con mayor participación son seguridad y prevención, con el 22,6 %; administración y auditoría, con el 16,4 %; finanzas y seguros, con el 9,6 %; y la ambigua categoría «competencia clave», con el 6,4 %. Gestión de la información y comunicación representa el 2,8 %; marketing y relaciones públicas, el 0,6 %; y comunicaciones, otro 0,6 %. Dentro de esas denominaciones puede haber habilidades humanas, conocimientos técnicos o una criatura híbrida concebida durante una reunión de taxonomía especialmente larga. Los datos públicos no permiten separar limpiamente unas cosas de otras.
Por ese motivo, no existe una base pública que permita construir con rigor un ranking nacional de las diez habilidades blandas más bonificadas. Podría inventarlo cruzando nombres de cursos, intuiciones comerciales y cantidades aproximadas. También podría leer el futuro en los posos inexistentes de un café de cápsula. El nivel de precisión sería parecido.
La siguiente tabla ofrece la aproximación más honesta disponible: las diez habilidades blandas con mayor demanda en el mercado laboral identificadas por el estudio financiado por FUNDAE, su traducción psicológica y la valoración que el propio informe hace de su presencia en el catálogo. No es un ranking de participantes bonificados. Es el ranking que FUNDAE debería poder contrastar algún día con sus propios datos de ejecución.
LAS DIEZ HABILIDADES BLANDAS PRIORITARIAS SEGÚN LOS DATOS DE FUNDAE
Posición | Habilidad desde una perspectiva psicológica | Traducción utilizada por FUNDAE/UOC | Bloque principal | Demanda* | Oferta en el catálogo |
1 | Aprendizaje continuo y adaptación | Mostrar voluntad de aprender | Dominio personal | 42,87 % | Escasa |
2 | Proactividad y responsabilidad | Adoptar un enfoque proactivo | Dominio personal | 30,13 % | Escasa |
3 | Eficiencia y organización del tiempo | Trabajar de manera eficiente | Dominio personal | 25,87 % | Regular |
4 | Liderazgo e influencia | Dirigir a otras personas | Interacción e influencia | 23,31 % | Buena |
5 | Colaboración y trabajo en equipo | Colaborar en equipos y redes | Interacción e influencia | 20,16 % | Muy escasa |
6 | Resolución de problemas y decisión | Lidiar con problemas | Razonamiento aplicado | 18,62 % | Escasa |
7 | Comunicación, escucha y feedback | Comunicarse | Interacción e influencia | 16,55 % | Escasa |
8 | Creatividad e innovación | Pensar de manera creativa e innovadora | Razonamiento aplicado | 16,28 % | Regular |
9 | Autorregulación y actitud constructiva | Mantener una actitud positiva | Dominio personal | 6,67 % | Buena |
10 | Pensamiento crítico y procesamiento de información | Procesar información, ideas y conceptos | Razonamiento aplicado | 4,90 % | Regular |
*El porcentaje representa la proporción de ofertas de empleo que solicitan cada competencia entre las vacantes que mencionan alguna habilidad blanda. El estudio analizó más de siete millones de vacantes publicadas en España entre abril de 2018 y junio de 2023 y realizó 56 entrevistas a profesionales de recursos humanos, formación y adquisición de talento.
La tabla muestra una paradoja bastante limpia. Las capacidades más demandadas no son aquellas en las que el catálogo ofrece una cobertura más sólida. Adaptación, proactividad, colaboración, comunicación y resolución de problemas aparecen con una oferta escasa o muy escasa. El liderazgo, en cambio, recibe una valoración buena.
Tiene cierta lógica histórica. Durante décadas hemos diseñado formación directiva para quienes ya habían ascendido y confiado en que el resto de la plantilla aprendiera a colaborar, adaptarse y comunicarse mediante ósmosis corporativa. Después nos sorprendía descubrir que cambiar el cargo en la firma del correo no instalaba automáticamente un sistema operativo humano más avanzado.
EL CATÁLOGO CONFIESA SU PROPIO DESAJUSTE
La crítica más dura al catálogo no procede de un centro formativo justiciero, de una entidad organizadora a la que le han rechazado una bonificación ni de un articulista con una tarde libre. Procede del propio estudio financiado por FUNDAE.
De todas las especialidades formativas analizadas, solamente el 3,8 % estaba clasificado como formación transversal. Los investigadores consiguieron vincular únicamente 46 especialidades con habilidades blandas: el 20,2 % de las consideradas transversales y apenas el 0,8 % de todo el catálogo. Además, concluyeron que su ordenación no permite identificar ni promover adecuadamente estas competencias.
La cifra no significa que las empresas solo puedan bonificar esas 46 especialidades. Ya hemos visto que la formación programada no está obligada a reproducir el catálogo. Significa algo más profundo: el principal instrumento público para ordenar la oferta apenas sabe nombrar una parte de las capacidades que las empresas dicen necesitar.
Y cuando consigue nombrarlas, no siempre alcanza a desarrollarlas.
La revisión de los programas formativos concluyó que muchos se quedan en los niveles más bajos de la taxonomía de Bloom, «conocer» y «comprender», mientras que el trabajo exige «aplicar». Es decir, permiten que una persona defina la escucha activa, enumere las fases de un conflicto y quizá marque correctamente cuatro respuestas en un cuestionario. Otra cosa es que consiga escuchar cuando alguien cuestiona su trabajo, intervenir en un conflicto real o dar feedback sin utilizar la delicadeza de Anakin Skywalker visitando a los moradores de las arenas.
Una habilidad no se adquiere porque alguien pueda explicarla.
Se adquiere cuando puede ejecutarla bajo presión, con otra persona delante y sin que el formador sostenga el manillar.
LOS MÓDULOS ECONÓMICOS HAN ENVEJECIDO PEOR QUE UN FORO DE 2007
La obsolescencia no afecta únicamente a los nombres. También afecta al dinero.
La Orden TAS/2307/2007 fijó los módulos máximos bonificables por participante y hora en 9 euros para formación presencial básica, 13 euros para presencial superior y 7,50 euros para teleformación. La propia norma indica que esos módulos económicos debían actualizarse cada año. Casi dos décadas después, esas cantidades continúan figurando en el texto consolidado como marca de cantero en el acueducto de Segovia.
La Ley 30/2015 insistió después en que los módulos debían ajustarse atendiendo a los precios de mercado y actualizarse periódicamente. La periodicidad ha resultado ser un concepto filosófico de extraordinaria amplitud. Si me leen señor@s de FUNDAE, del SEPE y/o del Ministerio de Empleo y Seguridad Social no se enfaden con mi ironía, están a tiempo de usar dicha energía en actualizar el importe de los módulos.
Mientras tanto, han aumentado los salarios, los alquileres, la tecnología, los desplazamientos, los costes administrativos y el precio de contratar a profesionales con experiencia real. La calculadora oficial del IPC del INE permite comprobar que los precios no han permanecido congelados desde 2007, de hecho han aumentado un 50% desde esa fecha. El IPC siguió caminando; la bonificación se sentó a esperarlo con sus pantalones de talle bajo esperando a que la moda volviera.
Existen excepciones que conviene mencionar para no convertir una crítica legítima en propaganda. Las empresas de uno a nueve trabajadores no están sujetas a esos máximos y las empresas de 10 a 49 y de 50 a 249 pueden superarlos respectivamente en un 10 % y un 5 %. ¡Ah, no! Desde marzo de 2015, los módulos económicos máximos se aplican por igual a todas las empresas, con independencia de su tamaño. Hace más de 10 años que dijimos adiós a los límites extendidos para PYMEs. La reforma no actualizó las cantidades: eliminó las excepciones. FUNDAE consiguió así que unos módulos ya envejecidos fueran, además, igual de insuficientes para todos.
Bueno, pero no pasa nada porque en España el consumo del Crédito formativo de FUNDAE es más que satisfactorio, podríamos decir que se produce un consumo completo de la formación bonificada. Mentira de nuevo.
Pues atendiendo a los datos, he de informarte que en 2025 las empresas disponían de 1.301,6 millones de euros de crédito y utilizaron 674,3 millones: el 51,8 %. Esto no demuestra que la burocracia sea responsable de todo el crédito perdido. Intervienen la falta de planificación, el desconocimiento, la ausencia de proveedores y su manía de maltratar a las PYMEs, las prioridades empresariales y la incapacidad de algunas organizaciones para decidir qué necesitan antes del 31 de diciembre. Pero tampoco parece la cifra de un sistema que fluya con la elegancia de un mecanismo suizo.
TREINTA PERSONAS: LA FRONTERA CIENTÍFICA ENTRE LA FORMACIÓN Y EL PECADO
La formación presencial se organiza legalmente en grupos de un máximo de treinta participantes. No veinticinco. No treinta y cinco. Treinta.
La limitación aparece en el Real Decreto 694/2017 y no es una ocurrencia personal de FUNDAE. Puede defenderse como una medida de control y como una garantía mínima de calidad. El problema es convertir un criterio general en una frontera pedagógica universal.
Para entrenar conversaciones difíciles, feedback o negociación, treinta personas pueden ser demasiadas. Cada participante necesita practicar, observar, recibir corrección y repetir. En una conferencia informativa, en cambio, treinta y una personas no destruyen de repente el aprendizaje ni abren una grieta en el continuo espacio-tiempo.
La calidad depende del objetivo, la metodología, la experiencia del formador, el espacio, la duración y el tipo de práctica. El sistema prefiere una cifra. Las cifras son más fáciles de inspeccionar que la pedagogía.
El mismo patrón aparece en los cambios de horario, participantes, fechas y comunicaciones. La evaluación de 2022 señalaba que los procedimientos de gestión constituían una de las principales barreras para utilizar todo el crédito, especialmente por el tiempo necesario para manejar documentación y por la escasa flexibilidad para introducir modificaciones en horarios y asistentes.
En la encuesta incluida en esa evaluación, el 61,4 % de las empresas declaró realizar también formación fuera de la iniciativa. Entre las razones aparecían la dificultad para tramitar y gestionar la bonificación, la falta de tiempo, la falta de recursos económicos y la falta de recursos humanos. Algunas microempresas manifestaban que el coste de gestionar la ayuda podía hacer que la propia bonificación dejara de compensar.
El sistema fue creado para facilitar formación, no para unirse al reverso tenebroso.
Cualquiera de los que acompañamos a clientes en su ardua y esforzada tarea de bonificar sus cursos sabemos que FUNDAE requiere de una formación intensiva para poder utilizar el derecho a formación de los trabajadores.
LA PANDEMIA MODERNIZÓ MÁS LA IMPARTICIÓN QUE LOS AÑOS POSTERIORES
Pensarás, Teobaldo, no puede ser todo malo. De nuevo tienes razón. De hecho el cambio operativo más relevante de los últimos años nació durante la pandemia: permitir que el aula virtual síncrona se considerara formación presencial y pudiera utilizar el módulo correspondiente a esta modalidad, ya que el que le aplicaba hasta entonces era absolutamente irrisorio.
La medida fue sensata. Reconoció que una sesión en tiempo real, con interacción directa entre formador y participantes, se parece pedagógicamente mucho más a una clase presencial que a un curso de teleformación asíncrono. También hizo posible formar a equipos distribuidos sin obligarlos a atravesar España para compartir una sala, un proyector y una bandeja de cruasanes resecos.
La ironía es que esta adaptación nacida como medida extraordinaria en 2020 continúa prorrogándose. La resolución aplicable a 2026 mantiene que el aula virtual se considerará, a todos los efectos, formación presencial. El propio texto indica que estas medidas seguirán vigentes mientras se revisa la normativa general. Seis años después, la modernidad continúa alojada en el apartado de excepcionalidades segura de que el talle bajo volverá.
Conviene realizar otra precisión. Sería incorrecto afirmar que desde la pandemia no se ha modificado nada. El Real Decreto 1189/2025 introdujo cambios que entraron en vigor en 2026. Sin embargo, su núcleo está en la aplicación y justificación de las bonificaciones, la conservación documental y el seguimiento y control. No actualizó los módulos económicos ni rediseñó la formación para adaptarla a las nuevas formas de aprender. El sistema sí se movió. Principalmente para comprobar mejor que los demás no se movieran fuera de la línea.
PONERLE PUERTAS AL CAMPO, PERO CON CÓDIGO DE ESPECIALIDAD
FUNDAE dispone de mecanismos para proponer nuevas especialidades formativas. De hecho, publicó en 2024 una guía para elaborarlas.
La guía tiene 139 páginas. No es una errata. Ciento treinta y nueve. Una detrás de la otra.
El documento explica cómo definir el código, la familia y el área profesional, la denominación, el nivel, los objetivos, los contenidos, los requisitos de acceso, la prescripción de formadores, las modalidades, las instalaciones, el equipamiento y las especificaciones necesarias para incorporar una especialidad al catálogo. Es comprensible que una Administración necesite evitar duplicidades y controlar la calidad. También es comprensible que, al terminar el formulario, la necesidad formativa original haya cumplido años.
Las habilidades blandas son especialmente incómodas para esta arquitectura. No pertenecen a una ocupación concreta, cambian según el contexto y deben formularse como comportamientos observables. La capacidad para influir sin autoridad puede ser necesaria en ventas, sanidad, ingeniería, logística o finanzas. La adaptación al cambio no reside en una familia profesional: reside en la diferencia entre comprender una nueva situación y seguir enviando correos indignados porque el procedimiento ya no es como en 2014.
El propio informe de FUNDAE reconoce que los niveles de cualificación tradicionales no encajan bien con las habilidades blandas porque estas acompañan a tareas muy diversas y no pueden vincularse con facilidad a una realización profesional específica. Parecido reto se encontraron en el ejército americano como puedes comprobar aquí.
Intentar convertir toda capacidad humana en una especialidad estable, cerrada y perfectamente codificada es ponerle puertas al campo. Es posible instalar muchas. Pero el fuego y el agua no entienden de propiedad privada.
LA FORMACIÓN QUE DEMANDAN LAS EMPRESAS EN 2026
Las empresas no necesitan abandonar el control, la trazabilidad ni la exigencia. Necesitan que dejen de confundirse con rigidez.
La formación en habilidades humanas de 2026 debe poder organizarse en módulos breves, prácticas espaciadas, sesiones presenciales o virtuales, acompañamiento entre sesiones, simulaciones, observación de conductas y aplicación sobre situaciones reales. Un responsable puede necesitar tres horas para aprender una herramienta, dos semanas para probarla y otra sesión para corregir lo que hizo mal. El aprendizaje no siempre acepta ser comprimido en un bloque continuo con lista de asistencia y examen de diez preguntas.
El estudio impulsado por FUNDAE llega a una conclusión parecida. Las empresas entrevistadas demandaban formación práctica y experiencial, impartida por profesionales que conocieran el mercado laboral, compatible con la actividad profesional y suficientemente flexible para adaptarse a distintos perfiles y contextos. También proponía microcredenciales en adaptación al cambio, proactividad, colaboración, resolución de problemas, gestión del tiempo y creatividad.
El futuro no exige eliminar el catálogo. Exige transformarlo.
Necesita una clasificación conectada con marcos como ESCO, resultados de aprendizaje formulados mediante comportamientos, niveles específicos para habilidades humanas y estadísticas que permitan saber qué se está formando realmente. Necesita módulos económicos actualizados según los costes reales, límites de grupo vinculados a la metodología y procedimientos capaces de distinguir entre una modificación razonable y un intento de fraude.
Sobre todo, necesita medir algo más que asistencia, conexiones y documentación.
Porque una persona puede permanecer cuatro horas conectada a un curso de comunicación y salir de él exactamente igual que entró, aunque con el micrófono mejor configurado y la bandeja de correo electrónico limpia.
FUNDAE ha construido un sistema capaz de seguir el rastro administrativo de millones de participantes. El siguiente paso es averiguar si esos millones de participantes están aprendiendo lo que España necesita.
El mercado pide personas capaces de adaptarse.
El sistema sigue pidiendo que la adaptación quepa en un PDF y sea compatible con Internet Explorer.
